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“La energía es vida.”

 
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“Esta obra social va mucho más allá de acompañar a quienes sufren. Apunta a transformar nuestro corazón para que en él quepan todas las almas, sin distinciones.”

 
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“Nuestra participación no termina donde termina nuestro hacer, se expande mucho más allá, hasta donde llega nuestro amor.”

 
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“La idea de compromiso deja de ser un peso cuando surge del amor, al elegir el efecto que uno quiere provocar en la vida, en el universo, en el entorno, en otras personas, en los seres vivos.”

 
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“Es ésta una invitación para no cesar en la maravillosa tarea de transmutar la mente en materia y la materia en mente al cumplir nuestra misión de ofrendarnos.”

 

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Una Nueva Forma de Trabajo Social:
El Desenvolvimiento Espiritual

por José Luis Kutscherauer, Director de Cafh¹
                                                                                                                       English version

Spiritual Unfolding

Es sano y conveniente cada tanto elevar nuestra mirada para escudriñar la vastedad del espacio. No es precisamente con el propósito de escapar de la realidad, que a veces nos cuesta enfrentar, sino para lograr una perspectiva más amplia de la vida y de nuestro destino. Somos parte del universo, estamos hechos de la misma materia y compartimos el mismo caudal de energía.

Los rayos cósmicos que llegan a nuestro planeta desde el espacio exterior son partículas altamente energéticas. Cada átomo que compone la materia tiene partículas subatómicas que se mantienen unidas por fuerzas nucleares extremadamente poderosas. Cada día el sol libera enormes cantidades de energía producida por la fusión de los átomos de hidrógeno que hay en su interior y nos llega en forma de luz y de calor.

La energía es vida. Orientada con inteligencia tiene innumerables usos beneficiosos para el ser humano. Reservada sabiamente es la fuente de donde conscientemente podemos nutrirnos para desarrollar una vida armónica y equilibrada.

Cada uno de nosotros es depositario de un caudal propio de energía física, mental y moral. Porque somos seres humanos tenemos la facultad de decidir en qué gastamos esta energía, en qué dirección la orientamos y cómo la reservamos. La energía en sí misma no es ni buena ni mala, el uso que hacemos de ella es lo que determina su destino. Nadie más que nosotros da destino a esta fuerza y es nuestro deber utilizarla de manera constructiva y prudente.

Cada uno de nosotros puede liberar su energía o absorber la de otros. Para cumplir nuestra misión como Hijos e Hijas de Cafh² es de suma importancia saber reservar y encauzar la energía de nuestra propia vida. Cuando aprendemos a realizar, a través de la renuncia,³ la fascinante alquimia interior de influir sobre nuestro núcleo espiritual con un dedicado trabajo de expansión de la conciencia, liberamos inmensas cantidades de esa maravillosa potencia que llamamos amor.

Nuestra misión es de ofrenda y su objetivo nos trasciende. Tener claridad vocacional, fortaleza de propósitos y conciencia de la trascendencia de la misión que nos toca cumplir, nos compromete a dirigir nuestra atención e interés a realizar una labor específica, procurando no desviarnos de nuestro objetivo. Nos compromete a llevar a cabo la principal obra social que tarde o temprano todos los seres humanos tenemos que realizar: desenvolvernos espiritualmente para expandir nuestra conciencia y, con ella, nuestra compasión y nuestro sentido de responsabilidad individual y social. Esta obra social va mucho más allá de reconocer la necesidad de paliar el sufrimiento del ser humano. Apunta a transformar nuestra naturaleza interior de manera que cada uno de nosotros ocupe un lugar y no dos y así todos podamos ejercer nuestra libertad y el derecho a una vida plena y productiva. Esta obra social va mucho más allá de acompañar a quienes sufren. Apunta a transformar nuestro corazón para que en él quepan todas las almas, sin distinciones.

Nuestra misión ha de transformar nuestra vida de tal manera que tengamos presente que ante cada circunstancia siempre se nos presentarán dos grandes caminos a seguir: aquél que nos trae riqueza y bienestar personal solamente, y aquél en el que nuestro crecimiento personal está comprometido y consustanciado con el desarrollo del entorno en que vivimos. El segundo es nuestro camino. Es el camino que hemos elegido y es nuestra manera de hacer obra social.

En la medida en que nuestra conciencia y nuestro sentir se expanden, comprendemos con mayor claridad dónde radica el dolor y el sufrimiento del ser humano. Es por esto que quisiéramos ayudar a todos los necesitados, consolar a todos los que sufren, dar alimento a todos los que padecen hambre. Pero la realidad parece indicar que nos es imposible satisfacer materialmente las necesidades de todos. Sin embargo, hay una manera efectiva de llegar a las almas y es a través de nuestro esfuerzo comprometido para desenvolvernos. Si todo lo que hacemos responde a la conciencia que hemos logrado, nuestro aporte, cualquiera que sea, es eficaz y trascendente. Nuestra participación no termina donde termina nuestro hacer, se expande mucho más allá, hasta donde llega nuestro amor. Al enfocar nuestra fuerza espiritual estimulamos la creación de nuevas posibilidades en la mente y en el corazón de los seres humanos. Aprendemos a participar de la vida de manera inteligente y positiva usando la fuerza del amor para realizar la más excelente de las obras humanas: nuestra transformación interior.

Al expandir la conciencia y hacernos cada vez más sensibles a las necesidades del mundo no es raro que nos sintamos impulsados a participar en obras sociales. Hay tantos frentes por atender, tanta necesidad y tanto dolor, que brota de nuestro corazón el hermoso sentimiento de dar nuestro tiempo y energías para ayudar. Es bueno participar de estas obras de bien que mitigan el sufrimiento humano. Sin embargo, estemos atentos a no abandonar la riqueza de vivir comprometidos con nuestra misión. La fuente de nuestra fuerza, la compasión que se despierta en nuestro corazón, son fruto de las prácticas ascético-místicas del camino de la renuncia. Estas prácticas que muchas veces pueden parecernos rutinarias y áridas son, en verdad, el reactor interno que da sentido y dirección a nuestra intención y potencia nuestra voluntad.

La reserva de energías nos permite gestar nuevos campos de posibilidades para el ser humano. Trabajar de manera consecuente y efectiva sobre nuestros pensamientos, sentimientos y acciones es develar el potencial de nuestro ser. Tener control sobre nuestros pensamientos nos permite disponer de energía; usar ese poder para orientarlos y construir un ambiente interior de paz y quietud es un aporte efectivo que podemos hacer en todo momento. Descubrir en nuestro interior cómo manejar la fuerza de nuestras emociones es otro campo específico en el que tenemos que realizar una detallada y amorosa labor.

Brindar amor, amistad y comprensión, resultado de la transmutación de nuestras energías, es un modo de mostrar que cada ser humano cuenta con la posibilidad de construir de manera armónica su vida, enlazada con la de los demás. Cuando, por nuestro sentido de participación con el mundo, realizamos una obra social de esta naturaleza, es duradera y siempre redunda en bien de las almas. Reservemos entonces nuestras energías, porque de esta reserva depende la potencia de la fuerza espiritual de que podemos disponer. Nuestra ayuda es, entonces, concreta y contundente porque más que pedir para dar, hacemos de nuestro amor el motor que mueve nuestro hacer.

Cumplir nuestra vocación indudablemente genera fe en las posibilidades del ser humano, porque la energía bien usada nos permite realizar paulatinamente nuestro ideal. Los ideales dejan de ser sueños o quimeras y se cumplen paso a paso. Vemos un camino recorrido, tanto en nuestra vida como en el Cuerpo Místico que integramos. Cumplir nuestra vocación produce efectos que, de una u otra manera, se hacen evidentes.

Sepamos reconocer y valorar los efectos que producimos con nuestro trabajo fiel y perseverante.

Fortalecemos valores al vivirlos. Dar testimonio a través de la conducta, como individuos y como grupo, de que están vigentes valores como la honestidad, la generosidad, la inclusión y la participación, es una fuerza que mantiene viva la fe en el ser humano.

Creamos nuevos ambientes de confianza y amistad al armonizar nuestras fuerzas interiores, al tomar en cuenta el efecto que provocamos con nuestras decisiones y al procurar el bien común. La confianza nace de una relación estable, que no varía por impulsos caprichosos o intereses mezquinos. Esta relación genera un vínculo de respeto y afecto que une a las almas con verdaderos y perdurables lazos de amistad.

Damos esperanzas ciertas porque contamos con un respaldo: las energías que sabiamente reservamos nos evitan los desencantos de las promesas que no logran cumplirse. Aun la perseverancia en nuestro trabajo interior no sería posible sin la reserva de energías que permite superar las dificultades que se nos presentan en la vida.

Hacemos de la responsabilidad un modo de vivir. Somos libres de elegir, pero no estamos libres de las consecuencias que generamos con nuestras elecciones. En la medida en que vivimos la ofrenda y la renuncia a nosotros mismos, más atraídos nos sentimos a seguir una sola línea, a responder teniendo presente al todo. Nuestra energía está al servicio de lo necesario, sin distinciones. Uno se transforma y transforma a la vez. Éste es un mensaje que nos dio Don Santiago4 y es una parte esencial del mensaje que queremos transmitir: vivir el camino de Cafh es vivir comprometido con la vida, con el todo. Preguntémonos: “Lo que yo hago, ¿consolida el Mensaje de Cafh, el Mensaje de la Renuncia?” La idea de compromiso deja de ser un peso cuando surge del amor, al elegir el efecto que uno quiere provocar en la vida, en el universo, en el entorno, en otras personas, en los seres vivos.

Es posible hacer realidad nuestros más caros sueños de unión con la Divina Madre,5 con las almas. Concretemos este anhelo de participación usando la energía potencial de nuestro ser. Abramos nuestras manos para dar esa fuerza espiritual reservada que no hemos de entender como un recurso propio, sino del universo mismo. Llevemos a cabo esta obra social por excelencia, que es una misión asumida por amor. Demos un paso tras otro en esa dirección; construyamos un pensamiento de unión tras otro; liberemos un sentimiento de amor tras otro. Es ésta una invitación para no cesar en la maravillosa tarea de transmutar la mente en materia y la materia en mente al cumplir nuestra misión de ofrendarnos.

© 2010 Orden Cafh. Todos los derechos reservados

Cafh: La palabra Cafh tiene raíces antiguas, para los miembros de Cafh, simboliza el esfuerzo del alma para alcanzar la unión con Dios. Al mismo tiempo representa la presencia de lo divino en cada alma. Ver la página web de Cafh: www.cafh.org. El texto “Una Nueva Forma de Trabajo Social: El Desenvolvimiento Espiritual” es la Alocución de Clausura del Director de Cafh a la Asamblea Anual de Cafh en Mar del Plata, Argentina, en mayo 2010.

Hijos e Hijas: Los miembros de Cafh nos llamamos Hijos e Hijas.

Renuncia: En la Enseñanza de Cafh se considera a la Renuncia como la ley de la vida. Cuando renunciamos, aceptamos que nuestra pequeña vida es parte de la Vida misma, que somos una parte integral del todo. Ganamos en perspectiva en los altibajos de la vida diaria y también en los períodos de grandes dificultades. El espíritu de Renuncia nos ayuda a visualizar nuestras fortalezas y debilidades de manera objetiva y nos lleva a despertar en nosotros un profundo sentido de participación y amor por todos y por todo.

Don Santiago Bovisio: Don Santiago Bovisio fundó Cafh en la Argentina in 1937. Hacer click aquí para conocer más sobre Don Santiago: http://www.santiagobovisio.info/.

Divina Madre: Los miembros de Cafh acostumbramos a reverenciar a Dios en la imagen femenina de la Divina Madre. La Divina Madre es, en Cafh, el principal punto de atención y veneración como expresión de la obra, el amor y la omnipotencia de Dios. La Enseñanza de Cafh reconoce en la Divina Madre un estado potencial y otro activo. Llama Hes al estado potencial -lo que aun no es-. Llama Ahehia al estado activo -lo que está siendo-.




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